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SEMANA SANTA 2008

FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN 2008

Por TEATINAS - 23 de Marzo, 2008, 0:52, Categoría: SEMANA SANTA 2008

LA COMISION INTERNACIONAL DE DIVULGACIÓN

DE LAS RELIGIOSAS TEATINAS DE LA I.C.,


 CON PROFUNDA ALEGRÍA PASCUAL 

FELICITA A TODOS LOS LECTORES Y COLABORADORES

DE ESTE BLOG.

QUE EL SEÑOR RESUCITADO

NOS HAGA RENACER A LOS DONES DE LO ALTO

Y  NOS CONCEDA LA GRACIA DE GENERAR VIDA

Y SER SUS TESTIGOS 

EN CADA UNO DE NUESTROS AMBIENTES.

¡ FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN 2008 !

.........


Lucharon vida y muerte
en singular batalla
y, muerto el que es Vida
triunfante se levanta.

¿Qué has visto de camino
María en la mañana?
A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,
los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.

¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!

Venid a Galilea,
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua.

.....


Amén. Aleluya.

  Himno de Laudes ( frag.)

 Tiempo Pascual

 

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Sábado Santo: Esperar contra toda esperanza...

Por TEATINAS - 22 de Marzo, 2008, 19:07, Categoría: SEMANA SANTA 2008

Un gran silencio envuelve el mundo.

Una sensación de vacío nos embarga en este día extraño, vaciado de Dios. La muerte no suelta fácilmente su presa.

Este día representa la distensión temporal en la que parece que el mal triunfa y que los ideales son sueños de imposible cumplimiento. La Palabra ha sido acallada. De ahí el estruendoso silencio. La Vida ha sido aplastada y con ella la Justicia ha sido traicionada y la Verdad falseada.

¿Ha muerto también la esperanza?

La muerte de nuestros seres queridos, lo sabemos por experiencia, es un mazazo que, en medio del aturdimiento del dolor, nos hace extrañamente lúcidos para la evidencia del amor: sólo comprendemos hasta qué punto queremos a alguien cuando nos es arrebatado por la muerte.

Por eso, a veces, en medio del desagarro amargo de la separación se siente en el fondo del alma una extraña y serena gota de miel, la dulce sensación de que existe el amor verdadero.

Esa pálida luz ilumina la dureza extrema de la muerte.

Dios no ha encontrado un modo mejor de decirnos cuánto nos ama, que muriendo por nosotros en su Hijo Jesucristo.

Al extremo alejamiento ha respondido con el amor extremo.

El vacío y el silencio que nos envuelven son la promesa de una Palabra nueva y nítida. El frío y la oscuridad que paralizan el alma alimentan la esperanza de un fuego que nos ha de calentar e iluminar en la noche. La descomposición y la podredumbre de la muerte nos hacen ansiar el agua que purifica y limpia y nos hace renacer a una vida nueva.

En este día de silencio, vacío y frío, como los discípulos de antaño, permanecemos a la espera y en vela junto al sepulcro. Porque nuestro corazón desgarrado nos dice que esta muerte por amor no es un punto final. Muchas evidencias nos hablan en contra. Pero, junto al sepulcro, seguimos en vela y esperamos.

José Mª Vegas, cmf.
Publicado en  www.ciudadredonda.org

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Que vuestro libro sea el CRUCIFIJO...

Por TEATINAS - 21 de Marzo, 2008, 18:10, Categoría: SEMANA SANTA 2008

" Que vuestro libro sea el CRUCIFIJO..."

( M. Úrsula )

Tu vida se veía destruida,

pero tú alcanzabas la plenitud.
Aparecías clavado como un esclavo,
pero llegabas a toda la libertad.
Habías sido reducido al silencio,
pero eras la palabra más grande del amor.

La muerte exhibía su victoria, pero la derrotabas para todos.
El reino parecía desangrarse contigo,
pero lo edificabas con entrega absoluta.
Creían los jefes que te habían quitado todo,
pero tú te entregabas

para la vida de todos.

Morías como un abandonado por el Padre,
pero él te acogía
en un abrazo sin distancias.
Desaparecías para siempre en el sepulcro,
pero estrenabas
una presencia universal.

¿No es sólo apariencia de fracaso
la muerte del que se entrega a tu designio?

¿No somos más radicalmente libres,
cuando nos abandonamos en tu proyecto?

¿No está más cerca nuestra plenitud,
cuando vamos siendo
despojados

en tu misterio?

¿No es la alegría tu última palabra,
en medio de las cruces de los justos?

Gracias por compartir,

Comunidad de PINTO

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Via Crucis " Spe Salvi "

Por TEATINAS - 20 de Marzo, 2008, 22:01, Categoría: SEMANA SANTA 2008

INTRODUCCIÓN:

Vamos a hacer este año el  Vía Crucis desde la segunda encíclica del Papa, Benedicto XVI, "Salvados en la esperanza", que nos habla de la esperanza en el futuro, en Dios, en la otra vida. Tiene pensamientos muy "densos", que conviene reflexionar despacio.

Y hacemos este itinerario dejándonos afectar; es decir, no como quien se "ha acostumbrado a Dios" y a estas cosas de Semana Santa –que ya se las sabe–, sino para encontrarnos con Jesús camino del Calvario, para cambiar nuestra vida, para abrirnos a la esperanza de la salvación que nos procura mediante su sacrificio.

«El encuentro con el Dios que nos ha mostrado su rostro en Cristo, puede transformar nuestra vida hasta hacernos sentir redimidos por la esperanza que dicho encuentro expresa.»

¡Ojalá y este recorrido por las últimas horas de la Pasión de Cristo nos ayude a experimentar esa redención, ese amor, esa entrega realizada por cada unos de nosotros!

¡Ojalá y este recorrido nos haga descubrir de nuevo el gran tesoro de nuestra fe y nuestra esperanza en Dios! «Es verdad que quien no conoce a Dios, aunque tenga múltiples esperanzas en el fondo está sin esperanza, sin la gran esperanza que sostiene toda la vida.»

PRIMERA ESTACIÓN:

Jesús es condenado a muerte

Lector: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos...

Todos: ...que por tu santa Cruz redimiste al mundo.

Lector:

En un proceso judicial religioso y civil, Jesús es condenado injustamente a muerte. Son muchas las injusticias de nuestro mundo, y muchos inocentes los que sufren sus consecuencias desde la impotencia, en las situaciones que les plantea el hambre, las guerras, la violencia, la marginación... ¿Quién les compensará ese sufrimiento? ¡Dios hará justicia!

No puede terminar todo tan mal y tan injustamente; debe existir otra vida para que haya reparación: «Estoy convencido –dice Benedicto XVI– de que la cuestión de la justicia es el argumento esencial o, en todo caso, el argumento más fuerte a favor de la vida eterna.» (SS, 43) 

No vale acusar a Dios por las injusticias del mundo: «La propuesta contra Dios en nombre de la justicia no vale. Un mundo sin Dios es un mundo sin esperanza. Solo Dios puede crear justicia. Y la fe nos da esa certeza.» (SS, 44)

La justicia de Dios no es venganza, también es gracia y misericordia: «El Juicio de Dios es esperanza, tanto porque es justicia, como porque es gracia. Si fuera solamente gracia que convierte en irrelevante todo lo que es terrenal, Dios seguiría debiéndonos aún la respuesta a la pregunta sobre la justicia, una pregunta decisiva ante la historia y ante Dios mismo.»  (SS, 47)

No hagamos juicios injustos de los demás; no colaboremos con las injusticias; trabajemos por la justicia.

Lector: Jesús pequé.

Todos: Ten piedad y misericordia de nosotros.

Lector: Padre nuestro, que estás en el cielo; santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Todos: Danos hoy nuestro pan de cada día...













SEGUNDA ESTACIÓN:

Jesús carga con su cruz

Lector: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos...

Todos: ...que por tu santa Cruz redimiste al mundo.

Lector:

Jesús se abraza a su cruz. Nosotros no queremos cruces, tenemos más de las que quisiéramos; nos molesta la cruz, nos espanta... ¡no queremos ver el sufrimiento!, de hecho nos pasamos gran parte de la vida huyendo de la cruz y del dolor. «El individuo –dice el Papa– no puede aceptar el sufrimiento del otro si no logra encontrar personalmente en el sufrimiento un sentido, un camino de purificación y maduración, una camino de esperanza.» (SS, 38)

Para eso es imprescindible tener un horizonte en la vida, una razón por la que vivir el amor. En el caso de Jesús ese horizonte vital es hacer la voluntad del Padre, buscar la felicidad de la humanidad. De Él podemos aprender para vivir con entereza nuestra vida: «Según la fe cristiana la redención, la salvación, no es simplemente un dato de hecho. Se nos ofrece la salvación en el sentido de que se nos ha dado la esperanza, una esperanza fiable, gracias a la cual podemos afrontar nuestro presente: el presente aunque sea fatigoso, se puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta, si podemos estar seguros de esa meta, y si esa meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino.» (SS, 1)

Sólo desde la esperanza se puede cargar con la cruz. A veces nos falla esa esperanza.

Lector: Jesús pequé.

Todos: Ten piedad y misericordia de nosotros.

Lector: Padre nuestro, que estás en el cielo; santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Todos: Danos hoy nuestro pan de cada día...

TERCERA ESTACIÓN:

Jesús cae por primera vez

Lector: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos...

Todos: ...que por tu santa Cruz redimiste al mundo.

Lector:

El peso de la cruz derrumba a Jesucristo. El mal del mundo es insoportable, parece que puede incluso con Dios. Pesan mucho las consecuencias de las guerras, del trabajo infantil, del terrorismo, de las traiciones, de las críticas, de las enfermedades, de las catástrofes naturales, del paro... ¡Sólo nuestro mal personal, a veces, nos hace tambalearnos y caer!: los vicios, las limitaciones, la soberbia...

Jesús tenía una fuerza interior para poder levantarse de esa situación: Dios, su Padre. Los creyentes, los cristianos, contamos con Dios y con la esperanza de encontrarnos con él; esa fe nos hace levantarnos una y otra vez. El hombre necesita a Dios, de lo contrario se queda sin esperanza.» (SS, 23)

Si el hombre se queda sin esperanza, le aplasta el peso de la cruz. Si el mundo se queda sin Dios, se le cierran todas las puertas. Si el mundo se queda sin esperanza, cae, desciende al infierno.

Con Dios, somos para nuestro mundo "ministros de la esperanza"; pero también, a veces nos olvidamos de Él.

Lector: Jesús pequé.

Todos: Ten piedad y misericordia de nosotros.

Lector: Padre nuestro, que estás en el cielo; santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Todos: Danos hoy nuestro pan de cada día...

CUARTA ESTACIÓN:

Jesús se encuentra con su Madre

Lector: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos...

Todos: ...que por tu santa Cruz redimiste al mundo.

Lector:

No sería cualquier encuentro el que tuvieron María y Jesús camino del Calvario. El peso de la cruz, la sangre por el cuerpo, los gritos de la multitud... y, de repente, todo se hace silencio, ante una mirada: los ojos de María buscaban los de Jesús y se han encontrado: los recuerdos de la niñez, los abrazos de cariño, los consejos, el dolor insoportable del momento, la sangre por el rostro... su acompasan los latidos, se transfieren los sufrimientos, se comunican las esperanzas, se fortalece la entrega.

Cuando el Papa habla de encuentro con Dios que transforma la vida por la esperanza en la que hemos sido salvados, pensemos en el encuentro de María con su Hijo camino del Calvario. ¡Ponte en el lugar de María y encuentra la mirada de Jesús!... hasta que se estremezca tu ser de compasión y ternura, de fortaleza y esperanza, incluso en tus momentos de dolor.

«Por eso tú, María, permaneces con los discípulos como madre suya, como Madre de la esperanza. Santa María, Madre de Dios, Madre nuestra, enséñanos a creer, esperar y amar contigo. Indícanos el camino hacia su Reino. Estrella del mar, brilla sobre nosotros y guíanos en nuestro camino (SS, 50)

A veces cerramos nuestras puertas y no dejamos entrar a Dios, no nos dejamos mirar por él.

Lector: Jesús pequé.

Todos: Ten piedad y misericordia de nosotros.

Lector: Padre nuestro, que estás en el cielo; santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Todos: Danos hoy nuestro pan de cada día...

QUINTA ESTACIÓN:

Jesús es ayudado por Simón de Cirene

Lector: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos...

Todos: ...que por tu santa Cruz redimiste al mundo.

Lector:

«Una sociedad que no logra aceptar a los que sufren y no es capaz de contribuir mediante la compasión a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado también interiormente, es una sociedad cruel e inhumana.» (SS, 38)

Para ser solidario con los que sufren, hay que aceptar el propio sufrimiento, pasar por él. Por eso nos comprende Cristo, porque estuvo en nuestras circunstancias de dolor. «Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unción con Cristo, que ha sufrido con amor infinito.» (SS, 37)

Nuestra sociedad necesita cireneos que, desde una opción libre, se comprometan en quitar sufrimiento del mundo, al menos, en compartirlo. «Un mundo sin libertad no sería en absoluto bueno... El mundo mejor del mañana no puede ser el contenido propio y suficiente de nuestra esperanza.» (SS, 30) Cireneos con motivación cristiana que plasmen en su solidaridad la esperanza de la otra vida.

Necesitamos aprender a sufrir con los demás, por los demás.

Lector: Jesús pequé.

Todos: Ten piedad y misericordia de nosotros.

Lector: Padre nuestro, que estás en el cielo; santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Todos: Danos hoy nuestro pan de cada día...

SEXTA ESTACIÓN:

La Verónica enjuga el rostro de Jesús

Lector: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos...

Todos: ...que por tu santa Cruz redimiste al mundo.

Lector:

Cuando vivo una situación complicada en la que hay que dar al cara, denunciar, defender a la Iglesia, identificarme como cristiano, normalmente suelo permanecer en silencio y oculto para no complicarme la vida. Cada día se dan más estas situaciones. Esta mujer, Verónica, fue capaz de ponerse de parte de Jesús con serenidad y valentía, mientras recibía improperios de la multitud. ¡Seguro que conocía a Jesús de antes y estaba seducida por su mensaje y su persona!

«El Evangelio no es solamente una comunicación de cosas que se pueden saber, sino una comunicación que comporta hechos y cambia la vida. La puerta oscura del tiempo, del futuro, ha sido abierta de par en par. Quien tiene esperanza vive de otra manera: se le ha dado una vida nueva.» (SS, 2) ¿No será que mi vida no ha cambiado aún en el encuentro con el Señor? Necesito encontrarme contigo, Señor. Tu rostro buscaré, no me escondas tu rostro, aunque sea tu rostro ensangrentado y herido camino de la cruz.

Lector: Jesús pequé.

Todos: Ten piedad y misericordia de nosotros.

Lector: Padre nuestro, que estás en el cielo; santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Todos: Danos hoy nuestro pan de cada día...

SÉPTIMA ESTACIÓN:

Jesús cae por segunda vez

Lector: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos...

Todos: ...que por tu santa Cruz redimiste al mundo.

Lector:

Es grande el Amor del Padre, pero pesa mucho el mal del mundo; de nuevo te hace caer. ¿Dónde encontrar fuerzas para continuar?. Fijaos que mensaje tan precioso del Papa: «Sólo la gran esperanza-certeza de que, a pesar de todas las frustraciones, mi vida personal y la historia en su conjunto están custodiadas por el poder indestructible del Amor y que, gracias al cual, tienen para él sentido e importancia, sólo una esperanza así puede en ese caso dar todavía ánimo para actuar y continuar.» (SS, 35) Mi vida y la historia custodiadas por el amor de Dios; para él tienen sentido; ¡le importo a Dios! Es Cristo el que cree esto, mientras está rostro en tierra, aplastado por el peso de la cruz.

Es difícil confiar en el Amor de Dios cuando las cosas salen mal, cuando no nos salen como nosotros quisiéramos; sin embargo «Los cristianos tienen un futuro… Sólo cuando el futuro es cierto como realidad positiva se hace llevadero el presente.» (SS, 2) Los cristianos tenemos futuro, tenemos un futuro: la herencia prometida del Padre, que nos hace retomar una y otra vez el camino del hogar.

Sin embargo cuando sufrimos y vemos sufrir a los demás nos resulta difícil entender tu Amor.

Lector: Jesús pequé.

Todos: Ten piedad y misericordia de nosotros.

Lector: Padre nuestro, que estás en el cielo; santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Todos: Danos hoy nuestro pan de cada día...

OCTAVA ESTACIÓN:

Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén

Lector: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos...

Todos: ...que por tu santa Cruz redimiste al mundo.

Lector:

Parece que Jesús les dice a las mujeres: Llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos; yo sufro, pero estoy convencido del Amor de mi Padre, que me alienta y fortalece, que no me abandona. «Vosotras necesitáis tener esperanzas –más grandes o más pequeñas–, que día a día os mantengan en camino. Pero sin la gran esperanza, que ha de superar todo lo demás, aquéllas no bastan. Esta gran esperanza sólo puede ser Dios, que abraza el universo y que nos puede proponer y dar lo que nosotros por sí solos no podemos alcanzar.»  (SS, 31 [1]) Buscad la gran esperanza que Dios propone y encontraréis consuelo para vosotras y vuestros hijos, la esperanza que es Él, la esperanza que es al Vida Eterna; esa que no podéis alcanzar por vosotras mismas, porque aunque colma vuestros deseos, supera todas vuestras expectativas. Esa esperanza que se os da como regalo, como el regalo de la vida que da la madre al hijo, el regalo de sí mismo que hace el esposo a la esposa, el regalo de la entrega que Dios hace de su Hijo: la expropiación de mi vida que hago en la cruz. No lloréis por mí, llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos. Las lágrimas son necesarias para descubrir la esperanza que es Dios.

A nosotros, normalmente las lágrimas no nos hacen descubrir nada de tu presencia; sólo vemos nuestro dolor.

Lector: Jesús pequé.

Todos: Ten piedad y misericordia de nosotros.

Lector: Padre nuestro, que estás en el cielo; santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Todos: Danos hoy nuestro pan de cada día...