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Via Crucis " Spe Salvi "

Por TEATINAS - 20 de Marzo, 2008, 22:01, Categoría: SEMANA SANTA 2008

INTRODUCCIÓN:

Vamos a hacer este año el  Vía Crucis desde la segunda encíclica del Papa, Benedicto XVI, "Salvados en la esperanza", que nos habla de la esperanza en el futuro, en Dios, en la otra vida. Tiene pensamientos muy "densos", que conviene reflexionar despacio.

Y hacemos este itinerario dejándonos afectar; es decir, no como quien se "ha acostumbrado a Dios" y a estas cosas de Semana Santa –que ya se las sabe–, sino para encontrarnos con Jesús camino del Calvario, para cambiar nuestra vida, para abrirnos a la esperanza de la salvación que nos procura mediante su sacrificio.

«El encuentro con el Dios que nos ha mostrado su rostro en Cristo, puede transformar nuestra vida hasta hacernos sentir redimidos por la esperanza que dicho encuentro expresa.»

¡Ojalá y este recorrido por las últimas horas de la Pasión de Cristo nos ayude a experimentar esa redención, ese amor, esa entrega realizada por cada unos de nosotros!

¡Ojalá y este recorrido nos haga descubrir de nuevo el gran tesoro de nuestra fe y nuestra esperanza en Dios! «Es verdad que quien no conoce a Dios, aunque tenga múltiples esperanzas en el fondo está sin esperanza, sin la gran esperanza que sostiene toda la vida.»

PRIMERA ESTACIÓN:

Jesús es condenado a muerte

Lector: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos...

Todos: ...que por tu santa Cruz redimiste al mundo.

Lector:

En un proceso judicial religioso y civil, Jesús es condenado injustamente a muerte. Son muchas las injusticias de nuestro mundo, y muchos inocentes los que sufren sus consecuencias desde la impotencia, en las situaciones que les plantea el hambre, las guerras, la violencia, la marginación... ¿Quién les compensará ese sufrimiento? ¡Dios hará justicia!

No puede terminar todo tan mal y tan injustamente; debe existir otra vida para que haya reparación: «Estoy convencido –dice Benedicto XVI– de que la cuestión de la justicia es el argumento esencial o, en todo caso, el argumento más fuerte a favor de la vida eterna.» (SS, 43) 

No vale acusar a Dios por las injusticias del mundo: «La propuesta contra Dios en nombre de la justicia no vale. Un mundo sin Dios es un mundo sin esperanza. Solo Dios puede crear justicia. Y la fe nos da esa certeza.» (SS, 44)

La justicia de Dios no es venganza, también es gracia y misericordia: «El Juicio de Dios es esperanza, tanto porque es justicia, como porque es gracia. Si fuera solamente gracia que convierte en irrelevante todo lo que es terrenal, Dios seguiría debiéndonos aún la respuesta a la pregunta sobre la justicia, una pregunta decisiva ante la historia y ante Dios mismo.»  (SS, 47)

No hagamos juicios injustos de los demás; no colaboremos con las injusticias; trabajemos por la justicia.

Lector: Jesús pequé.

Todos: Ten piedad y misericordia de nosotros.

Lector: Padre nuestro, que estás en el cielo; santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Todos: Danos hoy nuestro pan de cada día...













SEGUNDA ESTACIÓN:

Jesús carga con su cruz

Lector: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos...

Todos: ...que por tu santa Cruz redimiste al mundo.

Lector:

Jesús se abraza a su cruz. Nosotros no queremos cruces, tenemos más de las que quisiéramos; nos molesta la cruz, nos espanta... ¡no queremos ver el sufrimiento!, de hecho nos pasamos gran parte de la vida huyendo de la cruz y del dolor. «El individuo –dice el Papa– no puede aceptar el sufrimiento del otro si no logra encontrar personalmente en el sufrimiento un sentido, un camino de purificación y maduración, una camino de esperanza.» (SS, 38)

Para eso es imprescindible tener un horizonte en la vida, una razón por la que vivir el amor. En el caso de Jesús ese horizonte vital es hacer la voluntad del Padre, buscar la felicidad de la humanidad. De Él podemos aprender para vivir con entereza nuestra vida: «Según la fe cristiana la redención, la salvación, no es simplemente un dato de hecho. Se nos ofrece la salvación en el sentido de que se nos ha dado la esperanza, una esperanza fiable, gracias a la cual podemos afrontar nuestro presente: el presente aunque sea fatigoso, se puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta, si podemos estar seguros de esa meta, y si esa meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino.» (SS, 1)

Sólo desde la esperanza se puede cargar con la cruz. A veces nos falla esa esperanza.

Lector: Jesús pequé.

Todos: Ten piedad y misericordia de nosotros.

Lector: Padre nuestro, que estás en el cielo; santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Todos: Danos hoy nuestro pan de cada día...

TERCERA ESTACIÓN:

Jesús cae por primera vez

Lector: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos...

Todos: ...que por tu santa Cruz redimiste al mundo.

Lector:

El peso de la cruz derrumba a Jesucristo. El mal del mundo es insoportable, parece que puede incluso con Dios. Pesan mucho las consecuencias de las guerras, del trabajo infantil, del terrorismo, de las traiciones, de las críticas, de las enfermedades, de las catástrofes naturales, del paro... ¡Sólo nuestro mal personal, a veces, nos hace tambalearnos y caer!: los vicios, las limitaciones, la soberbia...

Jesús tenía una fuerza interior para poder levantarse de esa situación: Dios, su Padre. Los creyentes, los cristianos, contamos con Dios y con la esperanza de encontrarnos con él; esa fe nos hace levantarnos una y otra vez. El hombre necesita a Dios, de lo contrario se queda sin esperanza.» (SS, 23)

Si el hombre se queda sin esperanza, le aplasta el peso de la cruz. Si el mundo se queda sin Dios, se le cierran todas las puertas. Si el mundo se queda sin esperanza, cae, desciende al infierno.

Con Dios, somos para nuestro mundo "ministros de la esperanza"; pero también, a veces nos olvidamos de Él.

Lector: Jesús pequé.

Todos: Ten piedad y misericordia de nosotros.

Lector: Padre nuestro, que estás en el cielo; santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Todos: Danos hoy nuestro pan de cada día...

CUARTA ESTACIÓN:

Jesús se encuentra con su Madre

Lector: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos...

Todos: ...que por tu santa Cruz redimiste al mundo.

Lector:

No sería cualquier encuentro el que tuvieron María y Jesús camino del Calvario. El peso de la cruz, la sangre por el cuerpo, los gritos de la multitud... y, de repente, todo se hace silencio, ante una mirada: los ojos de María buscaban los de Jesús y se han encontrado: los recuerdos de la niñez, los abrazos de cariño, los consejos, el dolor insoportable del momento, la sangre por el rostro... su acompasan los latidos, se transfieren los sufrimientos, se comunican las esperanzas, se fortalece la entrega.

Cuando el Papa habla de encuentro con Dios que transforma la vida por la esperanza en la que hemos sido salvados, pensemos en el encuentro de María con su Hijo camino del Calvario. ¡Ponte en el lugar de María y encuentra la mirada de Jesús!... hasta que se estremezca tu ser de compasión y ternura, de fortaleza y esperanza, incluso en tus momentos de dolor.

«Por eso tú, María, permaneces con los discípulos como madre suya, como Madre de la esperanza. Santa María, Madre de Dios, Madre nuestra, enséñanos a creer, esperar y amar contigo. Indícanos el camino hacia su Reino. Estrella del mar, brilla sobre nosotros y guíanos en nuestro camino (SS, 50)

A veces cerramos nuestras puertas y no dejamos entrar a Dios, no nos dejamos mirar por él.

Lector: Jesús pequé.

Todos: Ten piedad y misericordia de nosotros.

Lector: Padre nuestro, que estás en el cielo; santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Todos: Danos hoy nuestro pan de cada día...

QUINTA ESTACIÓN:

Jesús es ayudado por Simón de Cirene

Lector: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos...

Todos: ...que por tu santa Cruz redimiste al mundo.

Lector:

«Una sociedad que no logra aceptar a los que sufren y no es capaz de contribuir mediante la compasión a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado también interiormente, es una sociedad cruel e inhumana.» (SS, 38)

Para ser solidario con los que sufren, hay que aceptar el propio sufrimiento, pasar por él. Por eso nos comprende Cristo, porque estuvo en nuestras circunstancias de dolor. «Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unción con Cristo, que ha sufrido con amor infinito.» (SS, 37)

Nuestra sociedad necesita cireneos que, desde una opción libre, se comprometan en quitar sufrimiento del mundo, al menos, en compartirlo. «Un mundo sin libertad no sería en absoluto bueno... El mundo mejor del mañana no puede ser el contenido propio y suficiente de nuestra esperanza.» (SS, 30) Cireneos con motivación cristiana que plasmen en su solidaridad la esperanza de la otra vida.

Necesitamos aprender a sufrir con los demás, por los demás.

Lector: Jesús pequé.

Todos: Ten piedad y misericordia de nosotros.

Lector: Padre nuestro, que estás en el cielo; santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Todos: Danos hoy nuestro pan de cada día...

SEXTA ESTACIÓN:

La Verónica enjuga el rostro de Jesús

Lector: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos...

Todos: ...que por tu santa Cruz redimiste al mundo.

Lector:

Cuando vivo una situación complicada en la que hay que dar al cara, denunciar, defender a la Iglesia, identificarme como cristiano, normalmente suelo permanecer en silencio y oculto para no complicarme la vida. Cada día se dan más estas situaciones. Esta mujer, Verónica, fue capaz de ponerse de parte de Jesús con serenidad y valentía, mientras recibía improperios de la multitud. ¡Seguro que conocía a Jesús de antes y estaba seducida por su mensaje y su persona!

«El Evangelio no es solamente una comunicación de cosas que se pueden saber, sino una comunicación que comporta hechos y cambia la vida. La puerta oscura del tiempo, del futuro, ha sido abierta de par en par. Quien tiene esperanza vive de otra manera: se le ha dado una vida nueva.» (SS, 2) ¿No será que mi vida no ha cambiado aún en el encuentro con el Señor? Necesito encontrarme contigo, Señor. Tu rostro buscaré, no me escondas tu rostro, aunque sea tu rostro ensangrentado y herido camino de la cruz.

Lector: Jesús pequé.

Todos: Ten piedad y misericordia de nosotros.

Lector: Padre nuestro, que estás en el cielo; santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Todos: Danos hoy nuestro pan de cada día...

SÉPTIMA ESTACIÓN:

Jesús cae por segunda vez

Lector: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos...

Todos: ...que por tu santa Cruz redimiste al mundo.

Lector:

Es grande el Amor del Padre, pero pesa mucho el mal del mundo; de nuevo te hace caer. ¿Dónde encontrar fuerzas para continuar?. Fijaos que mensaje tan precioso del Papa: «Sólo la gran esperanza-certeza de que, a pesar de todas las frustraciones, mi vida personal y la historia en su conjunto están custodiadas por el poder indestructible del Amor y que, gracias al cual, tienen para él sentido e importancia, sólo una esperanza así puede en ese caso dar todavía ánimo para actuar y continuar.» (SS, 35) Mi vida y la historia custodiadas por el amor de Dios; para él tienen sentido; ¡le importo a Dios! Es Cristo el que cree esto, mientras está rostro en tierra, aplastado por el peso de la cruz.

Es difícil confiar en el Amor de Dios cuando las cosas salen mal, cuando no nos salen como nosotros quisiéramos; sin embargo «Los cristianos tienen un futuro… Sólo cuando el futuro es cierto como realidad positiva se hace llevadero el presente.» (SS, 2) Los cristianos tenemos futuro, tenemos un futuro: la herencia prometida del Padre, que nos hace retomar una y otra vez el camino del hogar.

Sin embargo cuando sufrimos y vemos sufrir a los demás nos resulta difícil entender tu Amor.

Lector: Jesús pequé.

Todos: Ten piedad y misericordia de nosotros.

Lector: Padre nuestro, que estás en el cielo; santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Todos: Danos hoy nuestro pan de cada día...

OCTAVA ESTACIÓN:

Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén

Lector: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos...

Todos: ...que por tu santa Cruz redimiste al mundo.

Lector:

Parece que Jesús les dice a las mujeres: Llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos; yo sufro, pero estoy convencido del Amor de mi Padre, que me alienta y fortalece, que no me abandona. «Vosotras necesitáis tener esperanzas –más grandes o más pequeñas–, que día a día os mantengan en camino. Pero sin la gran esperanza, que ha de superar todo lo demás, aquéllas no bastan. Esta gran esperanza sólo puede ser Dios, que abraza el universo y que nos puede proponer y dar lo que nosotros por sí solos no podemos alcanzar.»  (SS, 31 [1]) Buscad la gran esperanza que Dios propone y encontraréis consuelo para vosotras y vuestros hijos, la esperanza que es Él, la esperanza que es al Vida Eterna; esa que no podéis alcanzar por vosotras mismas, porque aunque colma vuestros deseos, supera todas vuestras expectativas. Esa esperanza que se os da como regalo, como el regalo de la vida que da la madre al hijo, el regalo de sí mismo que hace el esposo a la esposa, el regalo de la entrega que Dios hace de su Hijo: la expropiación de mi vida que hago en la cruz. No lloréis por mí, llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos. Las lágrimas son necesarias para descubrir la esperanza que es Dios.

A nosotros, normalmente las lágrimas no nos hacen descubrir nada de tu presencia; sólo vemos nuestro dolor.

Lector: Jesús pequé.

Todos: Ten piedad y misericordia de nosotros.

Lector: Padre nuestro, que estás en el cielo; santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Todos: Danos hoy nuestro pan de cada día...

NOVENA ESTACIÓN:

Jesús cae por tercera vez

Lector: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos...

Todos: ...que por tu santa Cruz redimiste al mundo.

Lector:

Otra vez más el peso de la cruz se hace insoportable, hasta dudar de uno mismo y de las propias fuerzas... poco a poco se minan los cimientos que sostienen la esperanza sobre un hilo cada vez más sutil. Otra vez el peso de la cruz y, esta vez, parece que no hay nada más que eso: cruz por todas partes, tinieblas, mal, oscuridad.

Pero Cristo ha venido a cumplir la voluntad del Padre; esta misión es su alimento, su razón de ser. Sabe que está llegando hasta el extremo, hasta el total cumplimiento. «La verdadera, la gran esperanza del hombre que resiste a pesar de todas las desilusiones, solo puede ser Dios, el Dios que nos ha amado y que nos sigue amando hasta el extremo, hasta el total cumplimiento.» (SS, 27)

Dios, la esperanza firme que me queda, de la que no me ha apartado ni la persecución, ni la espada, ni la desnudez, ni las burlas, ni la flagelación, ni las traiciones... ¡Dios de nuevo!, ¡Dios al fin!, ¡Dios por fin!, ¡Dios!

A nosotros, una y otra vez, nos ciega la desesperanza y no acertamos a ver un poco de luz, no podemos levantarnos. Son demasiadas caídas.

Lector: Jesús pequé.

Todos: Ten piedad y misericordia de nosotros.

Lector: Padre nuestro, que estás en el cielo; santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Todos: Danos hoy nuestro pan de cada día...

DÉCIMA ESTACIÓN:

Jesús es despojado de sus vestiduras

Lector: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos...

Todos: ...que por tu santa Cruz redimiste al mundo.

Lector:

Cuando veo las burlas y el desprecio que sufrió Jesús, y compruebo una y otra vez que se impone el mal, que siempre quedan por encima los que peor se portan… experimento la impotencia de la desnudez, despojado de vestiduras, de razones, de esperanzas... me quedo con pocas ganas de ser bueno y buscar el bien. Parece que el egoísmo vence al amor, que esto no tiene sentido, que todo está descontrolado. «El cielo no está vacío. La vida no es el simple producto de las leyes y de la casualidad de la materia, sino que en todo, y al mismo tiempo por encima de todo, hay una voluntad personal, hay un Espíritu que en Jesús se ha revelado como Amor.» (SS, 5)

Por encima de todo hay una voluntad personal, que se ha revelado en Jesús como Amor. La voluntad de Dios siempre es un misterio. ¿Qué es lo que Dios quiere? ¿Cómo entra en su voluntad la muerte y la burla de su Hijo? ¿Cómo entender la cruz, la desnudez, las espinas, el sufrimiento de los inocentes, la muerte de los familiares…? No podemos pensar mal de nuestro Dios y creer que se complace ante semejante espectáculo. Benedicto XVI reflexiona con palabras de San Ambrosio: «Era necesario poner fin a estos males, de modo que la muerte restituyera lo que la vida había perdido.» (SS, 10)

El mal nos impide ver tu voluntad amorosa. El derroche parece una burla de tanta pobreza. También tenemos algo de tus vestiduras.

Lector: Jesús pequé.

Todos: Ten piedad y misericordia de nosotros.

Lector: Padre nuestro, que estás en el cielo; santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Todos: Danos hoy nuestro pan de cada día...

DÉCIMO PRIMERA ESTACIÓN:

Jesús es clavado en la cruz

Lector: Te adoramos, Cristo, y te bendecimos...

Todos: ...que por tu santa Cruz redimiste al mundo.

Lector:

"Se rebajó hasta someterse incluso a la muerte y una muerte de Cruz" (Flp 2, 8). Jesús se adentra en la naturaleza humana hasta sus últimas consecuencias. «El hombre nunca puede ser redimido solamente desde el exterior» (SS, 25) Para salvar a una persona hay entrar en la espesura de sus oscuridades, con luz, claro, no con más oscuridad. Para redimir a la humanidad hay que bajar a las tinieblas del infierno. Aquí está Cristo, amarrado a la cruz; pero con una propuesta de Vida. No vino un empleado a realizar esta obra; vino el mismo Dios. No lo hizo desde la inmensidad del cielo, sino desde la "estrechez" de la naturaleza humana.

«El hombre es redimido por el amor.» (SS, 26) Sólo el amor puede sacar a una persona de la perversión de su humanidad. ¡Cuántos enamoramientos son una auténtica redención!, en el sentido de que son una apuesta total de una persona por otra, un esfuerzo por sacar lo mejor que el otro lleva en su interior. ¡Qué hermoso tener un amor así! Pero el ser humano necesita algo más que ese amor. «El ser humano necesita un amor incondicionado.» Sólo Dios es capaz de amar así, sin ninguna condición, ni previa, ni posterior; nos quiere siempre, siempre es fiel a nosotros y nos quiere clavado en la cruz.