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Enero del 2008

"Felicidad-fidelidad... " P. Imanol Larrínaga, OAR

Por TEATINAS - 30 de Enero, 2008, 18:30, Categoría: Materiales para compartir

"¡ FELIZ el que te AMA, 

DICHOSO el que te SIRVE, Señor...!

( Ven. Úrsula Benincasa )

Un cambio de actitud

            Normalmente entendemos más un cambio de postura que  de actitud. Y es lógico; el cambio de postura es siempre circunstancial, variable y hasta conveniente. Pero  cuando se trata de actitud, siempre se teme que se nos mueva el piso. Con razón diría Úrsula Benincasa: "el Señor desea que se le sirva con amor y gratitud de espíritu". Aquí hay elementos fundamentales en juego y una meta clara.

            Precisamente al hilo de lo anterior cabe señalar lo que podemos percibir por un cambio de nivel: de una fidelidad a una felicidad, elementos ambos que suponen para muchos el lenguaje de lo imposible. La fidelidad porque el ambiente no se presta a hacer circular por los caminos de la vida el lenguaje del "sí" que marca, que consagra, que es capaz de traspasar los moldes de lo medido y se adentra por una experiencia de lo infinito –en lenguaje del carisma teatino, "sin más Regla que el Amor". O sea, una opción de por sí abarcante de la persona y sin condiciones. Por otro lado, una  felicidad  de caramelo, de tópico y de sueños encantadores pero que no es consecuencia de la fidelidad, algo que se consigue en silencio y de rodillas, con emoción  y profunda paz y esa la da Dios.

Causa sorpresa que la Fundadora de las Religiosas Teatinas deduzca ser "más humana y más sensible a las necesidades de los hombres" desde  "una experiencia mística". Es encarnación  en una "profunda intimidad con Cristo" (fidelidad) y de ahí se deduce querer "vivir desprendida de todo y de todos" (felicidad). Y sigo pensando que los dos paréntesis con encuadre respectivo rondan en la mayoría de los creyentes como algo "imposible". Y, sin embargo, realidades que no solo identifican una existencia cristiana sino que también le dan calidad y que solo proceden de la gracia.

 

Pasar de un contexto cotidiano de ejemplarizar la vida en función de cumplimientos no hace sino ahogar el sentido del horizonte. Úrsula Benincasa creyó que la "ascensión a la montaña" provenía de Dios y que, por lo tanto, Él asumía el compromiso de la fidelidad sabiendo en Quién confiaba. De ahí, un paso: "¡feliz el que te ame, feliz el que te sirve!". En la montana se realiza el encuentro y que es fuerza determinante y decisiva para el cambio total de actitud; el subir como esfuerzo está supeditado a una convicción: el don de Dios invita a "ascender",  no quedarse en les medias tintas.

            ¡No viene mal un poco de lenguaje utópico en medio de una sociedad tan medida y tan  recortada en los sueños de la Bondad, de la Belleza y de la Verdad! Con  razón diría san Agustín: "la voz de la verdad no calla nunca. No grita con los labios, pero susurra en el corazón. Aplica el oído interior".

                                             Imanol Larrínaga Bengoechea, oar

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Paradas de una comunidad en marcha, Luis Ángel de las Heras, cmf

Por TEATINAS - 25 de Enero, 2008, 16:38, Categoría: Materiales para compartir

" Alegraos cada cual con el bien de las demás. 

Que el sufrimiento de una afecte a todas

y que el de la Comunidad lo sienta cada una como propio..."

(Úrsula Benincasa. Reglas Cap. XIX )

Paradas de una comunidad en marcha

Luis Ángel de las Heras, cmf

Al hilo de lo que afirma el filósofo marxista Ernst Bloch con respecto a los dinamismos interiores que necesita un pueblo en marcha, es decir, una colectividad con capacidad para crear historia. Al hilo de la aplicación que hace de estos dinamismos José A. García, jesuita, a una comunidad religiosa en términos de lo profético, lo cantor, lo medical y lo regio, como Carismas de una comunidad en marcha, se me ha ocurrido lo siguiente. Una comunidad en marcha necesita paradas.

A veces paradas y fonda. Otras veces sólo paradas. Y así una de las paradas, sin fonda, ligera de equipaje y pensando siempre en llegar más allá, más lejos, es la de la avanzadilla. Una parada que invita a no quedarse anclado, a remover los cimientos, a descansar lo imprescindible, a refrescar la utopía del Evangelio con color de comunidad concreta. Una parada que invita a denunciar lo que nos va cansando y envejeciendo, acomodando, desgastando. Una parada que invita a descubrir la primera radicalidad, sin adornos ni componendas. Una parada que invita a recoger de nuevo el testigo de la vida hecha parábola del Reino, signo de contradicción e interpelación a la luz del Espíritu de Jesús de Nazaret. Una parada que profetiza la esperanza medio perdida. Es la parada que preparan los hombres y mujeres de la avanzadilla.

Pero con una parada no basta. La comunidad en marcha necesita también la parada celebrativa. Durante el camino comunitario hay momentos que merecen ser celebrados, festejados, homenajeados. Es necesario que la comunidad en marcha pare para darse un homenaje. Esta es una parada y fonda, sin duda. Parar para celebrar es parar para descansar y reparar fuerzas. El anuncio de la esperanza que llega más lejos tiene que refrescarse. Ahí está el arte de captar y lanzar al festejo los momentos relevantes. Ahí están los hombres y mujeres con el don de cantar a la vida, con el don de ver en hechos que podrían pasar desapercibidos, historias apasionantes. Ahí están, en esa parada y fonda de la celebración las personas que ayudan a recuperar el gozo de vivir en la fascinación por el Padre y la causa del Reino. Pero la celebración sin más tampoco lo cura todo.

En la comunidad podemos encontrar enfermos y apaleados.  Solemos encontrar enfermos y apaleados. Algunos lo son y otros sólo lo están. Unos se han hecho dolor y ya son dolor y otros pasan por el dolor de vez en cuando. Por eso, en todo caso, es necesario otra parada de atención, ésta con fonda también. Es la "Posada del Buen Samaritano". Al que es o está enfermo no le curan ni los hombres y mujeres de avanzadilla, ni los animadores de la celebración. El que es o está enfermo necesita de esos otros hombres y mujeres que saben acercarse con tacto, intuir dónde están las heridas y vendarlas con cuidado, haciendo nacer la confianza en el apaleado con el vino del consuelo y el aceite de la esperanza. Estos hombres y mujeres son buenos samaritanos comunitarios que comprenden al que es o está enfermo, al que es o se siente apaleado y le pagan la posada para que se reponga de las heridas que también ellos mismos han vendado.

Entre una marcha y otra de la comunidad van apareciendo los hombres y mujeres serviciales. Los que, calladamente, preparan la parada del servicio doméstico. Esta no tiene fonda, aunque la lleva a cuestas. A veces la comunidad tiene que detenerse en ella para darse cuenta de que existen estas personas y recuperar su actitud servicial para todos. Es la parada de la mesa bien puesta, del fregadero o del cenicero siempre limpios, del coche a punto, de las puertas cerradas a su tiempo, de las revistas colocadas, del botiquín con aspirinas, de las malas hierbas arrancadas, de la disponibilidad para cualquier emergencia. Es la parada de la marcha silenciosa, detallista y atenta, de los hombres y mujeres con presencia de espíritu.


Avanzar, celebrar, curar, servir... Hace falta coordinar tanto esfuerzo. La riqueza y la abundancia exigen hombres y mujeres que sean buenos administradores de tantos dones y que animen unos y otros para que crezcan. Es la parada, sin fonda, pero con fondo del director de orquesta. Hombres y mujeres con capacidad de organización y coordinación, de mirada amplia y paso firme y seguro. Hombres y mujeres que busquen en actitud de discernimiento la voluntad de Dios en la historia de la comunidad en marcha. Que sepan cuándo hay que parar y cuándo hay que continuar. Que coordinen los ritmos de la marcha comunitaria. Avanzar, celebrar, curar, servir, coordinar y algún que otro verbo más de parada de una comunidad en marcha, sin que los de la avanzadilla tiren los trastos al director de orquesta o el que alegremente festeja al que se ha parado para vendar una heridilla recién abierta o el director de orquesta al que coloca los platos con parsimonia sobre la mesa. La clave está en la parada con fonda del reconocimiento ajeno, sin menospreciar o dejar menospreciar el propio. La clave está en buscar y ejercitar la mirada amable sobre una comunidad en marcha que necesita paradas para ir descubriendo al Dios de Jesucristo que se manifiesta en el otro como se ha manifestado en lo más íntimo de mí mismo, de mí misma, de mil formas, colores y maneras. Todos, eso sí, apasionados por el Reino.

Publicado en www.ciudadredonda.org

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Un poco de historia: Breve reseña en la web de la Universidad Suor Orsola Benincasa

Por TEATINAS - 23 de Enero, 2008, 13:54, Categoría: General

la storia

Sede dell'Università degli Studi Suor Orsola Benincasa è la cittadella monastica posta alle pendici del colle Sant'Elmo che domina l'intera città e il golfo di Napoli.

Questo antico sito conventuale ricopre una superficie di 33.000 mq su cui sorgono otto corpi di fabbrica di cui due chiese, chiostri e giardini pensili, vestigia di due monasteri fondati tra il XVI e il XVII secolo dalla mistica napoletana cui è oggi intitolato all'Università.

Suor Orsola fu un personaggio particolarmente significativo nel panorama religioso della Napoli controriformata, in quanto espressione di una religiosità militante e tendenzialmente autonoma che la Chiesa istituzionale riuscì col tempo a ricondurre entro i limiti della rigida obbedienza all'autorità ecclesiastica, trasformando il libero ritiro della Benincasa e dei suoi parenti in una congregazione di natura laicale sottoposta al controllo di un ordine religioso maschile.

Questo iniziale insediamento è ben riconoscibile da un punto di vista architettonico perché non nasce da un progetto preordinato, ma ha la natura caotica delle sovrapposizioni successive. Elemento di punta di questa zona della cittadella è la chiesa dell'Immacolata, fondata da Orsola nel 1580 e ristrutturata nel settecento da Rocco Doyno.

Quando il controllo della Congregazione fu affidato ai Teatini, questi riuscirono a convincere Orsola ad affiancare alle oblate un ordine di rigida clausura che diventasse il braccio femminile di quello di S. Gaetano. Questo progetto, manifestato dalla mistica nel suo testamento, fece sì che dopo la sua morte, avvenuta nel 1620, si iniziasse la costruzione di un grandioso eremo da destinare alle romite.
Questa nuova ala è caratterizzata da un progetto architettonico coerente e di ampio respiro, rispettoso delle regole imposte dal Concilio di Trento. Infatti, il nucleo centrale, composto di tre corpi di fabbrica disposti ad U attorno ad un ridente chiostro, è nascosto agli sguardi esterni da un poderoso muro di cinta in tufo che si innalza per circa venti metri.

Il destino della cittadella monastica, mutò dopo l'unità d'Italia quando, il Ritiro di Suor Orsola riuscì a sfuggire alla legge sull'incameramento statale dei beni degli ordini religiosi perché considerato "Opera pia a carattere laicale". Anche per rafforzare questo riconoscimento - messo in forse da una causa giudiziaria con la Cassa Ecclesiastica - vi venne fondata una scuola gratuita. Essa fu inaugurata il 10 luglio 1864, grazie soprattutto all'impegno di Emilio Beneventani, che resse il Governo laico di Suor Orsola (subentrato al governo delle oblate) per oltre vent'anni, sino alla sua morte nel 1887. Aperta con 32 fanciulle, la scuola negli anni '70 ospitava circa 500 allieve, ed era formata da una classe materna, le cinque classi elementari e un corso magistrale di tre classi. Vi era poi una sala per i lavori domestici affidati a una maestra speciale e consistenti in lavori di sartoria, di ricamo e di crestaia, a cui poi si aggiunse la produzione di fiori artificiali.

Dal 1871 si insegnò lingua francese e computisteria, declamazione e canto corale e, nel 1878 fu istituito un corso di telegrafia.

Nel 1891 Adelaide del Balzo Pignatelli principessa di Strongoli vi giunse in qualità di ispettrice onoraria e nel 1901 ne divenne l'amministratrice unica.
Questo progetto educativo si completava, nel 1895, con l'istituzione della facoltà di Magistero, pareggiata nel 1901 insieme a quelle di Roma e Firenze.

L'impegno pedagogico della principessa fu condiviso, fino alla sua morte, da Antonietta Pagliara la quale lasciò in eredità all'Istituto la sua collezione privata di arredi, quadri e suppellettili antiche di grande valore, poi ordinata in un interessante museo che ha oggi sede nell'antico romitorio.
Attualmente questa Università è l'unica non statale dell'Italia meridionale e prosegue nel solco della sua tradizione che racchiude in sé l'intero arco delle istituzioni educative, dalla scuola primaria a quella secondaria inferiore e superiore (liceo linguistico e socio-psico-pedagogico), all'università.
Le fitte e selezionate attività di alta cultura, i corsi di perfezionamento, i convegni, i seminari, le mostre itineranti, le attività integrative della didattica del Magistero e delle Scuole, il Museo, la promozione del proprio ricchissimo patrimonio artistico e monumentale, l'attenzione a tutto quanto - a livello culturale - nel contemporaneo si muove, sono alcuni dei segni peculiari dell'Università degli Studi Suor Orsola Benincasa....

Publicado en: http://www.unisob.na.it/index.htm

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Xavier Quinzá,S.J.: "FormarSE es TRANSFORMARSE"

Por TEATINAS - 21 de Enero, 2008, 9:51, Categoría: Materiales para compartir

FORMARSE ES TRANSFORMARSE[1]

 ¿Cómo vertebrar en los jóvenes la consagración,

la pertenencia y la misión?

Xavier Quinzá Lleó, sj*

( si deseas este artículo en formato word,

escríbenos a comision@teatinas.com

y te lo enviaremos cuanto antes.)

Introducción: una nueva cultura para la vida consagrada

            A los consagrados y consagradas de hoy se nos pide que generemos una forma de vida común y diferente, una cultura que no se acomode al nivel corriente, que transparente otra cosa, aunque no se sepa muy bien qué sea esa "otra cosa". Ese modo común y diferente es toda una constelación de significados nuevos, como un contexto nuevo desde el que podamos leer e iluminar las instancias reales de la vida. Eso que se nos pide es que vivamos generando una cultura propia.

            Los estilos de vida se propagan en nuestra sociedad de la modernidad tardía, según inclinaciones personales, maneras de ver el mundo. Formas de relacionarse, de vivir las expectativas y los fracasos, de afrontar las opciones respecto a la sexualidad o al uso del dinero, a la libertad de opción o a la disponibilidad para acudir a un sitio o a otro según la urgencia o el deseo personal.

            Desear absolutamente vivir en Dios y anhelar del todo poner en Él nuestra felicidad es un modo de descubrir que nada vale tanto como Él y que nada fuera de él tiene un valor consistente ni apetecible. Rendidos al misterio absoluto de la vida que es Dios, los consagrados somos decididamente inactuales, extemporáneos.

            Cada cultura es un entramado estable de significados compartidos: un diseño compartido de vida por un grupo humano. La cultura nos hace ser lo que somos, de modo que recrea y modela nuestra identidad. Al cambiar la cultura en la que vivimos y de la que formamos parte los implícitos de nuestra consagración también están cambiando: la gracia de Dios nos llama a una reestructuración de las definiciones de la realidad, que es la manera como vamos integrando lo que somos en la urdimbre cultural. De modo que cada vez con mayor urgencia descubrimos que hace falta una nueva cultura de la vida consagrada. Nos parece estar escuchando las palabras de

Jesús: "A vino nuevo, odres nuevos!".

            La nueva cultura tiene sus propias condiciones existenciales: reflexividad autoreferencial, exploración en el mundo de la intimidad y orientación meramente personal en la multiplicidad de visiones del mundo. El arraigo del yo en la nueva cultura de la modernidad tardía es difícil. No hay patrones establecidos, pero sí un gran deseo de arraigo de la identidad en parámetros muy existenciales. Por todo ello, acertaremos en los nuevos acentos para la formación si sabemos responder a los desafíos de esta nueva cultura.

La nueva cultura[2] genera una manera de vivir el yo: una cultura muy concreta y perfilada de la gestación de la identidad como un proyecto propio. Se nos presenta un nuevo tipo de persona muy influido por los contextos vitales y precisado de ir delimitando lo que realmente quiere ser. Tres vectores inevitables se nos presentan ante la realidad del nuevo sujeto: arraigo y construcción de la identidad, (¿cómo y dónde arraigar la identidad?), discernimiento de los vínculos de pertenencia (¿de qué modo vincular la pertenencia?) y cauces para proyectar futuro (¿cómo actuar para tener futuro?).

            Cada uno de ellos nos exige una atención especial en la formación porque, como parece obvio, delimitan tres espacios muy precisos de la cultura de la vida consagrada: a) la identidad como respuesta a un deseo de unión personal con Dios y de construirse desde la experiencia de un amor violento que nos seduce; b) la capacidad de arraigar la pertenencia en un grupo humano que ha recibido una marca carismática que le une; y c) por último, la proyección en las coordenadas prácticas de una misión concreta, vivida

como participación histórica en la buena noticia de Jesús. En un artículo anterior de esta misma revista[3], hace ya casi dos años, me ocupé en diseñar las coordenadas de las nuevas generaciones de la vida consagrada. Remito al lector o lectora a aquel trabajo.

¿Qué recursos formativos tenemos en nuestra tradición?

En la vida consagrada de nuestro tiempo nos encontramos con un nuevo sujeto que formar, marcado por la nueva cultura. Pero nosotros seguimos creyendo que en nuestra sociedad no hay muchas alternativas mejores que la vida consagrada para un joven sano que quiera plenificar su propia vida.

            Ello no quiere decir que no tengamos que afrontar algunas constantes de este nuevo sujeto que se expresan en afirmaciones como las siguientes: ¿qué sentido tiene un compromiso definitivo si hoy no se planea la vida de una vez por todas? O, si vivimos instalados en un orden postradicional, ¿cómo aprender de las experiencias de otros que vivieron en el pasado? Si la construcción del yo es un proyecto internamente reflejo, ¿no será fruto de las opciones personales de cada uno? ¿Cómo insertarnos y comprometernos en un cuerpo institucional si vivimos en la sociedad de la negociación y el riesgo?

            Ante el escenario, a veces desconcertante, de las nuevas generaciones de la vida consagrada los formadores deberíamos hacernos algunas preguntas. ¿Qué imagen tenemos de los formandos o de las formandas con las que convivimos? ¿Podemos intentar describir los rasgos generales que les caracterizan en su realidad humana y relacional, en su vida de fe, en la calidad de su consagración, en la vida fraterna, en su vivencia de los votos y en la comprensión de su vida y misión?

            Deberíamos preguntarnos con más frecuencia: ¿cómo se ven ellos mismos en esta aventura? ¿Qué ilusiones acarician, que ideales les mueven, en qué conflictos sé encuentran...? Respecto al tipo de formación que nos exigen: ¿qué nos dicen a nuestra vivencia de la comunidad formadora, al modo como vivimos la vocación personal y su vertebración, a las capacidades de que disponemos para acompañarles?

            Nuestra tradición, la de la vida consagrada, tiene recursos para responder a los desafíos de la nueva cultura. Solamente debemos hacernos concientes de ellos y potenciar una revitalización de los mismos en los contextos concretos de nuestra vida personal, comunitaria y de misión.

            En primer lugar formamos parte de una cultura arraigada en la experiencia y la crónica personal. Nuestra tradición espiritual representa una verdadera cantera de experiencias fundantes que fomentan tanto una seguridad ontológica fundamental al apoyarse en una experiencia gustada de Dios, como abarcador radical de la vida, como a situarnos responsablemente ante el mal, el pecado y la injusticia. 

            Desarrollar un sentido coherente de la historia de la propia vida es un medio primordial para escapar de la esclavitud del pasado y abrirse al futuro. Y la práctica cotidiana del examen supone una intervención correctora sobre el flujo de lo vivido. Es un ejercicio correctivo y emocional de la experiencia. Los consagrados nos decimos "expertos en elecciones". Todas las pequeñas o grandes decisiones que tomamos son decisiones no solamente referidas a cómo actuar, sino a quién ser. Nuestra vocación se alimenta del discernimiento y podemos ayudar a crear una propedéutica del decidir.

            También participamos cordialmente de una cultura de la red de relaciones fraternas. Estamos ante el reto del mundo de las relaciones no ancladas en condiciones externas de la vida social. Los vínculos entre nosotros son, o deberían ser lo importante. Motivados por las recompensas de la misma relación grupal en la medida en que nuestras vinculaciones se valoran por sí mismas. Una cultura de la comunidad, como intimidad compartida y red de amistad apostólica. Nuestras comunidades y grupos de trabajo deberían cultivarse más en estos contextos.

            No podemos seguir valorando lo comunitario solamente en su contenido instrumental, referido funcionalmente a las actividades apostólicas o a la misión, sino también en su realidad vital: somos amigos y amigas en el Señor. Intercambiar las prácticas narrativas personales y configurar una identidad común de inspiración y de experiencias vividas son los factores ineludibles para crear una verdadera comunidad de memoria.

            Por último también estamos en el mundo desde una cultura de la misión, como un modo de colonización del futuro. En nuestra cultura se hace referencia con este término a la creación de zonas de posibilidades futuras conquistadas por el compromiso y el pacto con los otros grupos sociales.

Como grupo apostólico, que discierne los signos de Dios en cada tiempo histórico, estamos llamados a modelar propuestas de acción que afecten a nuestra sociedad y nos hagan capaces de ganar la del futuro. La creación de formas de vida moralmente justificables, y la respuesta a la pregunta "¿cómo hemos de vivir?" deben tener repercusiones en el modo como planteamos nuestra misión y en la perspectiva de la selección de las tareas.

Espacios y procesos en la aventura de la formación

A la hora de plantearnos los nuevos acentos en la formación de los sujetos que se acercan a nuestros grupos religiosos es conveniente que caigamos en la cuenta de lo que nos traemos entre manos. Necesitamos una cierta gramática para orientarnos en este nuevo contexto en la formación, una especie de código que nos pueda poner ante la amplitud de la tarea, pero que nos ayude también a delimitar los necesarios lugares de referencia para no perdernos.

            El siguiente cuadro nos puede iluminar en esta difícil tarea: en las líneas verticales se describen los procesos en los que se configura la dinámica de la formación y que son tres.

a)    un proceso de interiorización en la que el sujeto se ponga en contactó con el secretó de Dios para su propia vida;

 b)    un proceso de vertebración mediante el que vaya asumiendo los valores de su propia vocación en la dinámica del seguimiento de Jesús;

c)     un proceso de configuración o de puesta en práctica de dichos valores que le den cauce concreto para sus deseos de entrega y de servicio humilde.

            En las líneas horizontales se describen los tres espacios en los que se desarrolla la cultura de la vida consagrada. El espacio de la consagración, en primer lugar, en donde se juega el lugar central de su nueva vida, el alma de todo el proceso que va a vivir; el espacio de la comunidad, entendido como una trama de historias personales de la que tiene que ir formando parte, también institucionalmente; y el espacio de la misión en donde deberá proyectar su futuro y vivir la misión personal como discípulo y compañero de Jesús.

FORMARSE ES TRANSFORMARSE

Proceso de

interiorización

Proceso de   vertebración

Proceso de

configuración

Espacio de la Misión

Personalización de la     misión. Fecundidad vs.

Eficacia activista        

Asunción de los valores del     Reino. Medios   pobres vs.             espectacularidad           

Prácticas de     acción liberadora.

Servicio humilde vs.

imposición

Espacio de la        Comunidad        

Integración de   la alteridad. Relaciones   sanas vs.  Individualismo  

Crear trama de     historias compartidas.    Mutualidad vs.  aislamiento.

 

Lazos de familia,

comunidad de  memoria. Valorar la tradición vs. adamismo  

Espacio de la Consagración

Entrar en       contacto con el       corazón.     Orar y discernir vs.        superficialidad         

         

         

         

         

         

Entrenamiento del deseo con   Jesús.         Imitar vs. enamoramiento

Vivencia práctica de los votos.

Estilo de vida positivo vs.            espacio del NO

            Del cruce de ambos, los procesos y los espacios de la formación, se despliegan nueve lugares

de insistencia formativa que se deberán aplicar a cada uno de los sujetos de acuerdo con las diferentes etapas de la formación. Cada uno de esos nueve espacios, que conviene tratar por separado, nos pone delante una serie de problemas que tienen que ver tanto con la fragilidad cultural del sujeto que se forma, como con las habilidades de los formadores y formadoras para insertarlo en la misión y en el cuerpo de una congregación que vive de un determinado carisma dentro de la riqueza de los carismas en la Iglesia.

de insistencia formativa que se deberán aplicar a cada uno de los sujetos de acuerdo con las diferentes etapas de la formación. Cada uno de esos nueve espacios, que conviene tratar por separado, nos pone delante una serie de problemas que tienen que ver tanto con la fragilidad cultural del sujeto que se forma, como con las habilidades de los formadores y formadoras para insertarlo en la misión y en el cuerpo de una congregación que vive de un determinado carisma dentro de la riqueza de los carismas en la Iglesia.

de insistencia formativa que se deberán aplicar a cada uno de los sujetos de acuerdo con las diferentes etapas de la formación. Cada uno de esos nueve espacios, que conviene tratar por separado, nos pone delante una serie de problemas que tienen que ver tanto con la fragilidad cultural del sujeto que se forma, como con las habilidades de los formadores y formadoras para insertarlo en la misión y en el cuerpo de una congregación que vive de un determinado carisma dentro de la riqueza de los carismas en la Iglesia.

de insistencia formativa que se deberán aplicar a cada uno de los sujetos de acuerdo con las diferentes etapas de la formación. Cada uno de esos nueve espacios, que conviene tratar por separado, nos pone delante una serie de problemas que tienen que ver tanto con la fragilidad cultural del sujeto que se forma, como con las habilidades de los formadores y formadoras para insertarlo en la misión y en el cuerpo de una congregación que vive de un determinado carisma dentr