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TEATI es la mascota del Blog de Madre Úrsula
A lo mejor te pueda parecer poco serio eso de tener una mascota viviendo dentro de un blog de espiritualidad. Pero TEATI es un perro especial. Dependiendo del tiempo que tengas,puedes darle de comer, hacer que juegue con su balón azul (clic en more) o simplemente contemplar como sigue atento cada movimiento de tu ratón.¡Ideal para los visitantes más pequeños y los que hace tiempo dejaron de serlo! Atenti al cane: Si tienes encendidos los altavoces, cuidado: ¡TEATI LADRA MUCHO! Ya sabes:perro ladrador...
Por TEATINAS - 4 de Octubre, 2009, 19:14, Categoría: General
¡ESTAMOS DE MUDANZA!
AVISO A LOS LECTORES DEL BLOG DE MADRE ÚRSULA
En respuesta a los pedidos de algunas personas que no podían acceder a los contenidos del blog o bien, los veían cortados, próximamente vamos a migrar a otro formato compatible con todas las resoluciones de pantalla.
La nueva dirección la publicaremos en breve.
Os pedimos disculpas porque a partir de ahora el blog no estarà actualizado hasta aproximadamente un mes.
¡GRACIAS POR LA PACIENCIA! ( que TODO LO ALCANZA, como decía una santa contemporánea a M. Úrsula )
" Sed PERFECTOS como vuestro Padre..." (Mateo 5:48) ( Es decir, en el AMOR y en la MISERICORDIA ) " Hijas mías, si aspiráis a ser PERFECTAS, desprendeos de TODO y de TODOS..." ( M. Úrsula ) ( Desprendeos de TODO: hasta de vuestro propio afán de perfeccionismo )
Aprender
a equivocarse
Una de
las virtudes-defectos más cuestionables: el perfeccionismo.
Virtud,
porque evidentemente, lo es el tender a hacer todas las cosas perfectas. Y es un
defecto porque no suele contar con la realidad: que lo perfecto no existe en
este mundo, que los fracasos son parte de toda la vida, que todo el que se mueve
se equivoca alguna vez.
He
conocido en mi vida muchos perfeccionistas. Son, desde luego, gente estupenda.
Creen en el trabajo bien hecho, se entregan apasionadamente a hacer bien las
cosas e incluso llegan a hacer magníficamente la mayor parte de las tareas que
emprenden.
Pero son
también gente un poco neurótica. Viven tensos. Se vuelven cruelmente exigentes
con quienes no son como ellos Y sufren espectacularmente cuando llega la
realidad con la rebaja y ven que muchas de sus obras -a pesar de todo su
interés- se quedan a mitad de camino.
Por eso
me parece que una de las primeras cosas que deberían enseñarnos de niños es a
equivocarnos. El error, el fallo, es parte inevitable de la condición humana.
Hagamos lo que hagamos habrá siempre un coeficiente de error en nuestras obras.
No se puede ser sublime a todas horas. El genio más genial pone un borrón y
hasta el buen Homero dormita de vez en cuando.
Así es,
como decía Maxwel Brand: "Todo niño debería crecer con la convicción de que no
es una tragedia ni una catástrofe cometer un error".
Por eso,
en las personas, siempre me ha interesado más el saber cómo se reponen de los
fallos que el número de fallos que cometen. Ya que el arte más difícil no es el
de no caerse nunca, sino el de saber levantarse y seguir el camino
emprendido.
Temo por
eso la educación perfeccionista. Los niños educados para arcángeles se pegan
luego unos topetazos que les dejan hundidos por largo tiempo. Y un no pequeño
porcentaje de amargados de este mundo surge del clan de los educados para la
perfección.
Los
pedagogos dicen que por eso es preferible permitir a un niño que rompa alguna
vez un plato y enseñarle luego a recoger los pedazos, porque "es mejor un plato
roto que un niño roto".
Es
cierto. No existen hombres que nunca hayan roto un plato. No ha nacido el genio
que nunca fracase en algo. Lo que sí existe es gente que sabe sacar fuerzas de
sus errores y otra gente que de sus errores sólo saca amargura y pesimismo. Y
sería estupendo educar a los jóvenes en la idea de que no hay una vida sin
problemas, pero lo que hay en todo hombre es capacidad para
superarlos.
No vale
realmente la pena llorar por un plato roto. Se compra otro y ya está. Lo grave
es cuando por un afán de perfección imposible se rompe un corazón. Porque de
esto no hay repuesto en los mercados.
" La Venerable Úrsula invita constantemente a las Hermanas a comunicarse mutuamente, en unidad y armonía, a Cristo a quien van descubriendo..."
(P.F. Cap V art. 14e )
A veces, encontrar un espacio para profundizar en nuestra "espiritualidad encarnada" y hacerlo de un modo fraterno, compartiendo la fe y la vida y además, verbalizarlo a los que tenemos más próximos, termina siendo una proeza casi imposible de alcanzar...
Sin embargo, hablar de terceros que aparecen en la prensa rosa...o hablar del tiempo o de cualquier otra cosa periférica que no nos comprometa demasiado las "razones del corazón" termina siendo la moneda corriente de nuestras conversaciones...
¿Pór qué? Tal vez el texto de Dolores Aleixandre nos ayude a establecer prioridades y, a fuerza de reflexión y de cariño, caer en la cuenta de la necesidad de tener bien claras las jerarquías: primero, los hermanos... primero, lo que pasa en su corazón...primero, la justicia del Reino, que no es otra cosa que ajustar al Evangelio toda realidad, para que la Verdad y el Amor reinen.... Después, si sobran algunos minutos, tal vez sea bueno comentar sobre el estado del tiempo...¿ o no ?
Dolores Aleixandre: "JERARQUIAS"
( Publicado en ALANDAR )
Aparte de otros síntomas que no voy a ponerme a contarles, noto que me estoy haciendo mayor en que me sobresalta cada vez más la velocidad de transición de unos temas a otros en los telediarios: con los rostros de los inmigrantes en el cayuco aún en la retina, pasamos a la catastrófica afonía de Mike Jagger, seguida de imágenes de gente gorda comiendo patatas fritas, mientras nos avisan de que los españoles tenemos cada vez más sobrepeso; luego se pasa a otra explosión en un mercado de Bagdad y se remata todo con la aparición en carne mortal del Capitán Alatriste, entrevistado en la TV 1 como si fuera el Secretario General de la ONU. ¿Le produce agobio también a alguno de Vds. que sea joven? Reconozco que eso me consolaría bastante y confirmaría mi sospecha de que hay en los ritmos informativos una dinámica perversa contra la que hay que precaverse.
Querría también aclararme de si puede ser otro indicio de senilidad el que los nombres y rostros de señoras y señores que aparecen en las portadas de las revistas del corazón me sean, no sólo absolutamente indiferentes, cosa que espero le pase a más gente, sino desconocidos en su casi totalidad. Me inquieta un poco que no pongan sus apellidos ni se den más datos sobre ellos porque a lo mejor es que todo el mundo los conoce y soy yo la única que no los identifica, lo mismo que mi madre a mi edad no creo que supiera quién era John Lennon. Por ejemplo: "Gema encuentra un nuevo amor" (y no puedo congratularme del buen estado afectivo de la tal Gema, a no ser que me compre la revista y busque más datos en su interior). "Cuidado, Eugenia" (y tampoco especifican si el aviso a esa joven es por las medusas del Mediterráneo, o para que no tome mayonesa en los chiringuitos de playa, por lo de la salmonelosis). Y me pregunto: ¿me convendría ver Salsa Rosa con alguna frecuencia para no convertirme en una extraterrestre? ¿Tendría que ir más a la peluquería para leer esas revistas e informarme con más rigor y de forma gratuita de los avatares de los famosos? ¿O es que, a falta de otras inquietudes, o porque nos da miedo o pereza enfrentarnos con nuestra propia vida, preferimos que nos la "okupen" historias ajenas?
Puede que tenga principio de cataratas, pero cuando leo declaraciones episcopales sobre "el hedonismo consumista de nuestra sociedad", no consigo ver detrás los rostros de mujeres amigas que trabajan con horarios desquiciados para llegar a fin de mes y pagar el alquiler de una habitación en vivienda compartida. Y a lo mejor no son mis cataratas, sino que a quienes andan tan preocupados por semejantes lacras, que no niego que existan, les hace falta darse una vuelta un sábado por la mañana por algún supermercado tipo LiDL del Sur de Madrid y completar su visión con el gentío de inmigrantes de todo color, raza y lengua que van buscando, presas de un desenfrenado hedonismo, que el kilo de pollo les salga un euro más barato.
Así que me voy inclinando a pensar que no son cosas mías, sino que la información que consumimos nos llega en un estado de distorsión caótica y hay que aplicarse con tesón a filtrarla y a ordenarla para que sus algarabías, estruendos y falsedades no nos desenfoquen la mirada y nos alejen del modo de sentir la realidad que propone el Evangelio.
A esta necesidad de establecer orden y jerarquía es a lo que quería referirme con el título. ¿O es que se imaginaban que iba a hablar de otra cosa?
"...Pero el modo meditativo de comprender parece más importanteen la relación del hombre consigo mismo. Se huye hacia la relación, la acción social y la praxis política, porque los hombres no se pueden soportar a sí mismos.
Están descontentos consigo mismos. Por eso no pueden estar solos. La soledad es una tortura. El silencio se hace insoportable. La vida aislada es como una "muerte social". Toda desilusión es un tormento que se ha de evitar. Pero los que se lanzan a la acción porque no están en paz consigo mismo terminan siendo un tormento a evitar. La acción social y el compromiso político no son una medicina para curar la debilidad del propio yo.
El que quiere hacer algo por los demás sin conocerse a fondo a sí mismo, no tiene nada que ofrecerles. Presuponiendo buena voluntad y sin atribuir a nadie malas intenciones, lo único que pueden transmitirles es la enfermedad contagiosa de su yo, su angustia agresiva y sus ideas llenas de prejuicios.
El que quiere llenar su vacío interior ayudando a los demás, lo único que hace es ampliar su propio vacío… porque el hombre influye en los demás mucho menos con sus palabras y acciones que con su existencia y modo de ser, pero no lo quiere reconocer.
Solamente quien se ha encontrado a sí mismo puede entregarse a los demás. De otro modo ¿qué podría dar?
Sólo cuando se acepta a sí mismo puede aceptar a los demás sin dominarlos…" (*)
PARA PENSAR:
El Señor es rey de PAZ
y no se detiene
en un alma turbada
especialmente contra el prójimo...
( Madre Úrsula Benincasa )
(*) J. MOLTMANN: "El Espíritu de la Vida. Una pneumatología integral " Sígueme, Salamanca 1998, 220-.
El evangelio de Marcos nos prepara para vivir el seguimiento de Cristo, para responder desde el amor a Jesús, en el camino de la vida, a los verdaderos problemas que continuamente nos acechan. Las cruces, los sufrimientos, las complicaciones de la vida, el encarar la vida a veces tan llena de contradicciones, a veces parece que nos superan. Marcos se fija siempre en la decisión personal de la relación con Dios. Es el Evangelio del Por mí: presenta la vida cristiana como un encuentro personal con Cristo, que nos lleva hasta dar la vida por amor. Nunca se debe descuidar el encuentro personal con Cristo, la oración «como trato de amistad con quien sabemos que nos ama», que decía santa Teresa de Jesús.
¿Cuál es el núcleo esencial de este Evangelio? ¿Qué respuesta da al hombre de hoy tan complicado y lleno de complejos? ¿Verdaderamente es buena noticia para el hombre de hoy, sumergido en crisis y en la globalidad de nuestra sociedad, y casi sin esperanza? La respuesta es que Jesús es el camino de la vida verdadera, proyecta una visión distinta. Va, uno por uno, solucionando todos aquellos interrogantes que anidan en el corazón humano.
La verdadera respuesta de Jesús es que vivamos con el corazón de niño. Nuestras complicaciones no nos dejan vivir la vida en plenitud. Creo que vivimos sin enterarnos. No somos capaces de abrir nuestros ojos y asombrarnos ante la vida que, vivida desde Jesús, por Él, con Él y en Él, no tiene comparación.
Siempre me he preguntado por qué Jesús pone como clave del Evangelio vivir con corazón de niños. La respuesta que siempre encuentro es porque los niños viven, ante todo, tres aspectos que explican la novedad del Evangelio. Por una parte, la confianza en su padre. No conozco ningún niño que no confíe en su padre, que no se abandone plácidamente en sus brazos. Un niño vive para confiar. El ideal evangélico se acerca al hecho de vivir con la paz, como un niño en brazos de su madre.
En segundo lugar, no conozco ningún niño que no viva el momento presente. A los niños no les angustia el futuro, ni tampoco viven anclados en su pasado angustiado. Lo que han vivido (pasado) o tendrán que vivir (futuro) no les preocupa. Sencillamente viven el momento presente. Disfrutan del presente, se acercan a lo que santa Teresa de Lisieux decía: «La santidad es vivir amando en el momento presente». El hombre de hoy no es feliz porque ni en el pasado ni en el futuro podemos ser felices, sencillamente porque no existen. Sólo se vive en el presente.
Por último, los niños son sencillos. Conforme se van haciendo mayores, comienzan las eternas complicaciones. El Evangelio es para los sencillos, pues, como dice la Biblia, «los razonamientos complicados nos alejan de Dios». Aquí está una clave evangélica: el Señor ama a los niños porque confían. Viven el momento presente y no son enrevesados ni complicados. Viven con gozo el Evangelio.
Una fiesta como la de hoy, la “Exaltación de la Santa Cruz”, puede dar pie a una de esas frecuentes acusaciones contra el cristianismo: de “dolorismo”, culto al sufrimiento y enemistad con las alegrías de la vida. Por otro lado, a este propósito se alza una nueva objeción, esta vez directamente contra Dios: ¿qué hace Dios contra el mal? ¿Por qué lo consiente? ¿No es cierto que, según defienden incluso algunos creyentes, Dios se sirve del mal (las catástrofes naturales, las enfermedades, el sufrimiento, en suma) para castigarnos por nuestros pecados? Es lo que parece dar a entender hoy la primera lectura. ¿Es posible creer en un Dios así? Las situaciones extremas de infortunio y sufrimiento dan pie, a veces, para volverse a Dios, pero también, como vemos, para volverse contra Él. ¿Qué nos dice a este respecto la fiesta de hoy? ¿Cómo responde a estos graves interrogantes la cruz de Jesucristo?
Ante todo hay que decir que los textos bíblicos deben ser leídos en el contexto de toda la revelación. Y la clave decisiva para entender textos difíciles del Antiguo Testamento, como el de hoy, es la Palabra y definitiva revelación que es Jesucristo. Jesús nos dice, también hoy, que Dios no quiere condenar al mundo, sino salvarlo, es decir, que Dios no castiga a nadie: es el hombre el que se castiga a sí mismo y se pone en trance de autodestrucción cuando se aleja de Dios, esto es, de su verdad más íntima. Ante el mal y el pecado Dios reacciona sólo con el poder de su acción creadora (y nunca destructiva), restableciendo y sanando y, para ello, en Cristo se abaja y se acerca al hombre, asume sus limitaciones, sufre con los que sufren, muere con los que mueren. Así, precisamente en la cruz, hace presente en el corazón mismo del misterio del mal y del sufrimiento ese amor con el que “tanto amó Dios al mundo”, y rehace pacientemente (en el doble sentido de la palabra: con paciencia y con padecimiento) los vínculos que el hombre ha roto por el pecado.
No es dolorismo y gusto por el sufrimiento lo que celebra esta “exaltación de la Santa Cruz”, sino la afirmación de un amor más fuerte que el pecado, el sufrimiento y la muerte. Acoger la cruz de Cristo significa acoger al Cristo que se ha abajado hasta la muerte, y acoger a Cristo significa a su vez inclinarse con solicitud hacia el Cristo que sufre en los que sufren hoy de tantas maneras, reproduciendo en nosotros el movimiento de Dios hacia la humanidad.
Con motivo del comienzo, el próximo lunes, del itinerario de la Cruz de los jóvenes y el Icono de la Virgen por la archidiócesis de Madrid, el cardenal Rouco, arzobispo de Madrid, ha escrito una carta a los jóvenes madrileños, en la que dice:
El día 14 de septiembre, festividad de La Exaltación de la Santa Cruz, dará comienzo la peregrinación de la Cruz de los Jóvenes por la diócesis de Madrid. Esta Cruz, que el Siervo de Dios Juan Pablo II entregó a los jóvenes en el año 1984 para que la llevaran por el mundo entero, junto al icono de la Virgen María, es un hermoso signo de lo que significan las Jornadas Mundiales de la Juventud: el encuentro con Cristo muerto y resucitado por nosotros, Redentor del hombre. Llevando la cruz sobre sus hombros, los jóvenes se convierten en portadores de la alegre noticia de la salvación y proclaman a los cuatro vientos que Cristo nos ha salvado del pecado y de la muerte. Hemos querido que la fiesta de La Exaltación de la Santa Cruz sea el punto de partida de la peregrinación y, en cierto sentido, el inicio en nuestra diócesis de la intensa preparación de la Jornada Mundial de la Juventud que tendrá lugar en Madrid en el año 2011. Exaltar la Cruz, levantarla sobre lo alto, de modo que todo el mundo la mire con fe y se salve, es una indicación que viene del mismo Cristo. Al referirse a su muerte, dijo: «Y yo, cuando sea elevado de la tierra, atraeré a todos hacia mí» (Jn 12,32). Y añade el evangelista: «Esto lo decía indicando de qué muerte había de morir». La muerte de Cristo sobre la cruz, ciertamente, lo eleva sobre la tierra en el sentido físico, al suspender su cuerpo entre el cielo y la tierra. Pero lo eleva también en su sentido profundamente espiritual, puesto que lo muestra como el gran signo del amor de Dios que muestra su perdón y reconciliación para con todos los hombres. En realidad, el Crucificado es el Exaltado, el que ha sido elevado gloriosamente -la Cruz es gloriosa- como vencedor del pecado y de la muerte. Por eso, la Iglesia ha cantado y canta a la cruz como signo de victoria y de triunfo. El amor de Cristo vence sobre todos los odios, rencores, venganzas y crímenes de los hombres. Es un amor que sana, libera, purifica, rescata y pacifica. Es un amor eterno e infalible. Es un amor humano y divino, capaz de elevarnos con Él a lo más alto de la gloria. Queridos jóvenes: al peregrinar con la Cruz por todas las parroquias de Madrid, pensad en el mensaje que portáis en vuestros hombros. Gozad con el privilegio que supone llevar la cruz de Cristo para mostrarla a todos sin excepción: mostradla especialmente a quienes no creen, a los que vienen sin esperanza de ser amados, a los que sufren las terribles cruces que otros cargan sobre sus frágiles hombros. Proclamad con palabras y gestos sencillos que Cristo ha llevado todas las cruces del mundo y las ha iluminado con su propia entrega a la muerte. Que ningún hombre se sienta solo en el dolor si sabe mirar al Crucificado. Y vosotros mismos, como jóvenes cristianos, aprovechad esta ocasión de peregrinar con la cruz de Cristo para vivir con fidelidad vuestra vocación cristiana. En el Bautismo y en la Confirmación fuísteis sellados con la cruz de Cristo. Es una cruz imborrable. Sois siempre de Él y para Él. Los cristianos somos propiedad de Cristo. Eso significa hacer el signo de la cruz en nuestra frente, labios y corazón: afirmar que somos suyos. Pues bien, vivid siempre con el gozo de pertenecer a Cristo, Señor de la Vida. No hagáis de la cruz un signo banal, superficial o sin sentido. En la vida de cada día, tendréis ocasión de mostrar, haciendo la señal de la cruz, que elegís el amor, la sencillez, el servicio a los hermanos; que vuestra vida avanza por los caminos de la verdad, la humildad y la obediencia a los mandamientos de Dios; que no os movéis por los atractivos de este mundo que pasa, como es el dinero, la fama, el poder y la mentira; que queréis ser los bienaventurados del Evangelio, los profetas de la esperanza, los misioneros de la paz y la verdad de Cristo.
La JMJ, medio para avivar la fe
Viviendo así, caminaréis hacia la Jornada Mundial de la Juventud como un acontecimiento de gracia extraordinaria en el que, sin duda alguna, experimentaréis el encuentro con Cristo. La Jornada no es un fin en sí mismo, sino un medio eficaz para avivar la fe y descubrir que sólo Cristo es la meta del hombre. La oración, las catequesis, la frecuencia de los Sacramentos, las obras de caridad, todo lo que forma parte de la preparación de la Jornada de la Juventud, y la misma Jornada, os ayudará a ir decididamente al encuentro con Cristo, el Señor. Por ello, al iniciar esta peregrinación no penséis sólo en la meta temporal de la Jornada, sino mirad más lejos, contemplad la meta de vuestra vida, en la que Cristo resucitado brilla con una luz inextinguible, que ilumina nuestra existencia y nos llena del gozo de la vida eterna. Encomendaos a la Virgen María de La Almudena, nuestra Madre, para que ella, que brilla junto a Cristo en la gloria celeste, sea vuestra estrella en el caminar de cada día y os eduque en la fortaleza cristiana, tan necesaria para estar junto a Cristo al pie de la cruz.
Las RELIGIOSAS TEATINAS DE LA I.C. elevan una plegaria agradecida y felicitan por este medio al RVDO. P. VALENTIN ARTEAGA SANCHEZ GUIJALDO, C.R. quien el pasado 24 de junio de 2009, Solemnidad de San Juan Bautista, ha sido reelegido por el Capítulo General de la Orden Teatina celebrado en Iranzu ( Navarra ) en el servicio de PREPÓSITO GENERAL para el sexenio 2009- 2015.
Que el espíritu de RENOVACIÓN EVANGÉLICA y de confianza infinita en la PROVIDENCIA que animó a San Cayetano y Madre Úrsula acompañe este nuevo sexenio y sea un verdadero tiempo de gracia, fecundidad y renovación apostólica en el corazón de nuestra Familia Teatina.
Señor Jesús: Sacerdote eterno, presente en el sacramento eucarístico, Tú buscaste el corazón de cada hombre para hacer de él una nueva criatura. De ti nació un pueblo nuevo. Un pueblo que, al principio, fue sólo un grupo reducido, pero dueño de una magnífica promesa: Integrar a toda la humanidad. Tú llamaste a los que quisiste para que participaran de tu sacerdocio; no te elegimos nosotros a ti, sino que fuiste tú quien nos eligió a nosotros. Más aún, tú nos has descubierto que, detrás de tu llamada, está la elección misteriosa de Dios Padre. Nos llamaste a seguirte; es decir, a ir en pos de ti, a recorrer tu propio camino; por tanto, nos exiges sobre todo una gran confianza en ti; confianza total, entrega completa a tu persona.
Sacerdote eterno: Tú nos llamas a ser tus discípulos a repetir, acompañados por ti, tu propia vida y misión. Y esa habrá de ser en adelante nuestra tarea fundamental como llamados a prolongar tu sacerdocio. Una tarea que englobará y dará nuevo sentido a toda nuestra existencia. Somos tus discípulos, y sientes un gran amor por nosotros. Nos consideras como tu auténtica familia, tus amigos, no tus siervos. Te preocupas de nosotros como una madre solícita se esfuerza por no perder a sus hijos; nos corriges con dulzura, nos educas con una paciencia infinita. Queremos aceptarte como el sentido único y absoluto de la vida: Nos exiges el desprendimiento total de los bienes y la renuncia a formar una familia. Tú eres el objetivo prioritario de nuestra vida: Tú por encima de todo. Cada mañana vuelves a poner delante de nuestras miradas la exigencia con que comenzó toda nuestra historia personal: “Sal de tu tierra y de tu parentela y de la casa de tu padre, y ven a la tierra que te mostraré”. ¡Qué difícil resulta cortar amarras y seguirte...! Cada mañana nos propones un camino de amor; y no hay amor sin libertad. La respuesta a este amor ha de ser personal, consciente y libre, e implica a toda la persona. Para seguirte como sacerdotes hay que tomar una decisión personal e intransferible. Negarse a sí mismo y tomar tu cruz... Más pronto o más tarde, en nuestra vida sacerdotal si esta abierta al amor aparecerá el sufrimiento que lo cambia todo. Es una prueba que, o destruye o madura. El sufrimiento mal encajado rebela, endurece y agría el corazón humano; el sufrimiento aceptado como fruto del amor ensancha la capacidad de amar y comprender, humaniza y fecunda. El amor a los hermanos que has puesto en nuestra vida, ese vaciarse para que tengan vida y vida abundante produce dolor y sufrimiento; aceptar este sufrimiento es tratar de vivirlo con amor y situarlo en la perspectiva de la esperanza, vivirlo como dolor de parto y no como dolor de muerte. Además, Señor Jesús: Estamos vocacionados a llevar también las cruces de los otros. Y tomar la cruz de nuestros hermanos significa también saberse complicar la vida en favor de ellos; no sólo preocuparse por lo propio, sino hacer del dolor y sufrimiento de los otros nuestro propio sufrimiento.
Señor Jesús: Tú nos has llamado a compartir tu sacerdocio. Aquí está el secreto. Porque se trata de un camino difícil, imposible de recorrer con nuestras propias fuerzas. Sólo hay una forma de hacerlo: Ponernos detrás de ti y hacer que nuestros pies vayan pisando tus mismas huellas, vivir contigo y como Tú. Aprenderemos de esta forma a convivir contigo: Así Tú, Sacerdote eterno, nos vas moldeando como discípulos para que seamos imagen viva de tu presencia en el mundo. El resultado de este seguimiento será la plena identificación contigo. Ya no seremos nosotros los que viviremos, será tu sacerdocio, quien vivirá en nosotros.
Señor Jesús: Nos has enviado a predicar con el poder de expulsar a los demonios. Nos has enviado a ejercitar una tarea: Nos has llamado a proclamar el Reino de Dios. Que no seamos aprendices de un mensaje para después repetirlo sino que te anunciemos a ti como camino, verdad y vida; para ello, tenemos que estar contigo en intimidad constante, escuchándote e identificándonos con tu estilo de vivir. Sólo así podremos predicarte, anunciarte y comunicarte, es decir, dar testimonio de lo que hemos visto y oído. En definitiva, podremos decir que los sacerdotes en nuestro mundo somos Jesús mismo, que prolongamos tu acción, que somos otro Cristo en la historia que transmitimos a Jesús que se ensancha para poder llegar a todos. ¡Sublime poder otorgado a los frágiles hombres! ¡Gran tesoro llevado en vasijas de barro!
Señor Jesús, Sacerdote eterno: La dignidad de nuestra vocación sacerdotal, se expresa en nuestra disponibilidad para servir, según tu ejemplo, que no viniste al mundo para ser servido sino para servir. A la luz de esta actitud tuya, sólo sirviendo podremos verdaderamente reinar. Es decir, que toda nuestra vida la entendamos y la vivamos como un servicio, sólo así reinaremos como Tú, Señor. Ahora nos volvemos a tu madre y señora nuestra, María. Reina de los sacerdotes: ¡Tú eres nuestro refugio y esperanza en este tiempo! ¡Tú eres la reina de la esperanza! Como una vez oraste en medio de los Apóstoles de tu Hijo Jesús pidiendo el don prometido del Espíritu Santo, intercede ahora por nosotros tu sacerdotes para que por el poder de este mismo Espíritu seamos verdaderos testigos de Cristo tu Hijo. A Él sea la gloria por los siglos.